En Bacalar la Obra Pública Retrocede en su Compromiso Sustentable

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El Pueblo Mágico de Bacalar fue seleccionado en 2022 como el sitio para establecer los primeros jardines de lluvia en Quintana Roo, marcando así el inicio de un camino hacia la sostenibilidad urbana. Estos jardines, diseñados para absorber una cantidad considerable de agua pluvial, representaban una solución innovadora para la gestión del agua y la preservación del medio ambiente local.

Lamentablemente, la autoridad que está construyendo banquetas, ha optado por cubrir totalmente con cemento una de las entradas de agua a estos jardines y la otra con un pésimo diseño, reduciendo su funcionalidad en al menos un 90%.

Los jardines de lluvia forman parte de la infraestructura verde, una técnica respaldada por la ciencia y la experiencia exitosa en múltiples contextos. Su implementación en Bacalar tenía como objetivo principal comenzar con un desarrollo urbano que evita la contaminación de la Laguna de los Siete Colores y logra mitigar el impacto de las inundaciones mediante una gestión adecuada de las aguas pluviales.

La financiación y el apoyo para este proyecto fueron proporcionados por la Agencia Alemana para la Cooperación Internacional (GIZ), validados por el Instituto Tecnológico de Chetumal y ONG´s como parte de los esfuerzos conjuntos para promover ciudades resilientes frente al cambio climático. Sin embargo, la decisión de cubrir las entradas de los jardines de lluvia representa un desprecio hacia los recursos internacionales y un retroceso significativo en los esfuerzos por construir una ciudad sustentable.

Es decepcionante ver cómo los encargados de la obra pública de banquetas han ignorado la oportunidad de crear un entorno más saludable y seguro para sus habitantes y para el ecosistema local. La falta de visión y comprensión es evidente en esta acción desafortunada.

En 2022 se cortó el listón rojo de estos Jardines de Lluvia ubicados en la Unidad Deportiva Serapio Flota Mass, con la promesa de ser la primera piedra hacia la construcción de una ciudad resiliente y saludable. Sin embargo, el hecho de mal construir y tapar las entradas de los jardines de lluvia contradice este compromiso y demuestra una falta de responsabilidad hacia el bienestar de la comunidad y el entorno natural.

Este retroceso en el desarrollo basado en la naturaleza, de continuarse, representa un destino desalentador para Bacalar, pues parece encaminarse hacia una realidad dominada por el cemento en lugar de la armonía con su entorno.

Es un triste recordatorio de cómo unas pocas decisiones equivocadas pueden comprometer el futuro de una comunidad. Ojalá que los líderes municipales reflexionen y reviertan esta acción y por el contrario avancen en la construcción de más Infraestructura Verde que se requiere para el desarrollo integral y sustentable en Bacalar.

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